Hablar de vibración o de energía puede sonar abstracto, pero todos lo hemos vivido. Entras en una habitación y notas la tensión antes de que nadie diga nada. Pasas una tarde con alguien y sales más ligero. Llevas una semana preocupado y todo parece salir torcido.
En las tradiciones orientales se habla de energía vital. Aquí la usamos como una forma de nombrar el estado en el que estás: más abierto o más cerrado, más en calma o más en alerta, más conectado o más desconectado de ti.
Sin misterio
No es pensar en positivo a la fuerza. Tapar la tristeza con una sonrisa no te eleva: te desconecta. Las emociones que llamamos bajas —la rabia, el miedo, la pena— también tienen algo que decirte, y escucharlas es la forma más rápida de que se muevan.
Lo que se nota
Es prestar atención a qué te nutre y qué te gasta. Qué personas, qué lugares, qué hábitos, qué pensamientos. Y es ir eligiendo, con paciencia, más de lo primero.
Antes de dormir
Antes de dormir, repasa el día y quédate con un momento en el que te sentiste expandido y otro en el que te encogiste. No los juzgues. Solo apúntalos. En una semana tendrás un mapa bastante claro.
Si algo de esto te ha removido, podemos mirarlo juntos.