La idea más extendida sobre la meditación es también la que más gente aleja de ella: que hay que dejar la mente en blanco. Nadie lo consigue, y quien lo intenta suele acabar frustrado a los tres minutos.
Meditar es otra cosa. Es sentarte y observar lo que pasa por dentro —pensamientos, sensaciones, emociones— sin engancharte a ello. Te vas detrás de un pensamiento, te das cuenta, vuelves a la respiración. Otra vez. Y otra. Ese volver es la práctica.
Para qué sirve
Con el tiempo, lo que aprendes sentado lo empiezas a hacer en la vida: notar el enfado antes de soltarlo, darte cuenta de que estás rumiando, elegir en qué pones la atención. No elimina los problemas, pero te da un poco de espacio entre lo que pasa y lo que haces.
Hay muchas formas
Sentado en silencio, caminando, con un mantra, con la respiración, con movimiento como en el kundalini. Merece la pena probar varias hasta dar con la que te encaja.
Cinco minutos
Pon un temporizador de cinco minutos. Siéntate con comodidad y cuenta las respiraciones del uno al diez. Si te pierdes, vuelve a empezar desde uno, sin reñirte. Si llegas a diez, también.
Si algo de esto te ha removido, podemos mirarlo juntos.