El niño interior es una forma de hablar de algo muy real: la parte de ti que se formó en la infancia y que sigue reaccionando desde allí. Es la que se asusta cuando alguien levanta la voz, la que necesita aprobación, la que se siente sola aunque esté rodeada de gente.
También es la que juega, se asombra, crea y se ríe sin motivo. Cuando está herida, perdemos esa parte junto con el dolor.
Cómo se nota
En reacciones que parecen desproporcionadas para tu edad. En la necesidad de complacer. En el miedo a ser abandonado, en la dificultad para pedir ayuda o en una exigencia feroz contigo. Casi siempre, detrás, hay un niño que tuvo que hacerse mayor antes de tiempo.
Cómo se trabaja
Reconociéndolo, escuchándolo y dándole ahora lo que le faltó: seguridad, reconocimiento, permiso para equivocarse, cariño. No se trata de buscar culpables. Se trata de que tú, en tu vida adulta, te conviertas en quien cuida.
Una foto y una frase
Busca una foto de tu infancia. Mírala un rato. Pregúntale qué necesita oír. Díselo en voz alta, aunque te dé vergüenza. Sobre todo si te da vergüenza.
Si algo de esto te ha removido, podemos mirarlo juntos.