Hay personas que nos sacan de quicio con una facilidad asombrosa. Y otras que admiramos sin medida. La ley del espejo propone una idea incómoda y muy útil: en los dos casos, lo que vemos en el otro dice algo de nosotros.
A veces nos molesta en el otro algo que tenemos y no aceptamos. A veces, algo que nos prohibimos: su descaro, su libertad, su forma de descansar sin culpa. Y lo que admiramos suele ser una cualidad que también está en nosotros, esperando permiso.
No es culparte de todo
No significa que si alguien te trata mal sea culpa tuya. Hay situaciones injustas y hay que protegerse de ellas. El espejo no sirve para justificar al otro, sino para aprovechar la reacción y conocerte mejor.
Cómo se usa
La próxima vez que algo de alguien te remueva por dentro con más fuerza de la que la situación merece, detente y pregúntate: ¿qué me está mostrando esto? ¿Dónde lo hago yo? ¿Qué me estoy negando?
Cambia los pronombres
Piensa en alguien que te irrita. Escribe tres cosas concretas que te molestan de esa persona. Luego léelas cambiando «él» o «ella» por «yo». No todas encajarán. Alguna, seguramente, sí.
Si algo de esto te ha removido, podemos mirarlo juntos.