La palabra se hizo famosa con una película, pero la idea es mucho más vieja: vivir dentro de un guion que no has escrito y confundirlo con la realidad.
Todos tenemos uno. Se forma con lo que escuchamos de pequeños, con lo que premiaba o castigaba nuestra familia, con lo que la sociedad considera éxito. «Hay que aguantar», «los hombres no lloran», «primero el trabajo», «no molestes». Frases que un día fueron útiles y que siguen decidiendo por nosotros.
Cómo se nota
Se nota cuando haces lo correcto y aun así te sientes vacío. Cuando consigues lo que te habían dicho que te haría feliz y no llega. Cuando reaccionas siempre igual ante lo mismo, aunque te hayas prometido mil veces que esta vez no.
Salir sin romperlo todo
No se trata de tirar tu vida por la ventana. Se trata de mirar el guion con calma y preguntarte, frase a frase: ¿esto lo elegí yo? ¿Me sigue sirviendo? Lo que pase la prueba se queda, ahora sí, por decisión propia. Lo que no, se puede soltar poco a poco.
Tres «deberías»
Escribe tres «deberías» que te repites a menudo. Al lado de cada uno, anota de quién es esa voz. A veces basta con reconocerla para que pierda la mitad de su fuerza.
Si algo de esto te ha removido, podemos mirarlo juntos.