Solemos confundir sanar con curar. Curar tiene que ver con el cuerpo y es terreno de la medicina. Sanar es otra cosa: un proceso interior que tiene que ver con cómo vives lo que te ha pasado.
Sanar no es olvidar. No es perdonar a la fuerza. No es que un día te despiertes y ya no te importe. Es llegar a un punto en el que puedes mirar lo que te dolió sin que te arrastre, contarlo sin que se te cierre la garganta y seguir adelante llevándolo contigo, pero sin que mande.
No es lineal
Hay días en los que sientes que has avanzado muchísimo y días en los que parece que vuelves a la casilla de salida. Es normal. Sanar es más una espiral que una línea recta: pasas varias veces por el mismo sitio, pero cada vez un poco más arriba.
Qué ayuda
Tener un espacio seguro donde poner palabras a lo que sientes. Escuchar al cuerpo. Tener paciencia. Rodearte de personas que te traten bien. Y dejar de exigirte estar bien antes de tiempo.
Una carta desde dentro de un año
Escríbete una carta desde dentro de un año, desde la persona que ya ha atravesado lo que hoy te pesa. ¿Qué te diría? ¿Qué te agradecería? Guárdala y vuelve a leerla cuando lo necesites.
Si algo de esto te ha removido, podemos mirarlo juntos.